viernes, 10 de febrero de 2017

CHOPIN :: Piezas favoritas :: Ashkenazy

Semanas atrás los amantes de la música clásica y del piano recibimos una notifica fantástica: el hallazgo de una imagen desconocida del genio polaco-francés Frédéric Chopin. De esta manera, las imágenes “oficiales” del compositor se elevan a tres, todas ellas captadas en el mismo estudio fotográfico de París, el de Louis-Auguste Bisson (paso por alto la fotografía post-mortem de Chopin, que también existe).

En rigor, lo que el afilado instinto de Alain Kohler (tal es el héroe de la historia) supo descubrir en el salón de una melómana es la copia de una imagen: la fotografía de un daguerrotipo. Recordemos que la antigua técnica del daguerrotipo no permitía copias; la imagen obtenida era al mismo tiempo negativo y positivo.

La «nueva» imagen de Fréderic Chopin, aprox. 1847

El rostro sombrío de Chopin delata las dificultades que enturbiaban su ánimo. La fecha estimada para esta imagen es 1847, cuando el compositor tenía 37 años y sólo le quedaban dos de vida. La tuberculosis minaba su salud y las relaciones con George Sand estaban a punto de romperse; pero su genio musical y su prestigio como intérprete llegaban al cenit.

coverLa obra de Frédéric Chopin, consagrada al piano en su totalidad, puede presumir de una perfecta salud y lozanía. El polaco se cuenta entre los compositores privilegiados que no han visto menguar su estrella con el paso del tiempo. La fama ganada en los salones parisinos del temprano Romanticismo ha seguido viva generación tras generación.

Rodeado por una aureola de rebeldía como patriota polaco en el exilio, enfermo de tuberculosis, capaz de un virtuosismo lleno de poesía y expresividad, dueño de una lengua filosa capaz de agudos y cáusticos comentarios en las reuniones de salón, Chopin fue un favorito de la sociedad elegante y un imprescindible en la élite artística de su tiempo.

Forjó un estilo personalísimo, que no debió soportar ninguna influencia y en cambio sí la ejerció sobre sus colegas, tanto por la novedosa técnica pianística como por la maestría en el uso del cromatismo y la modulación armónica. Pese a la expresividad y hasta turbulencia emocional de sus composiciones, Chopin admiró a Bach y Mozart y se preocupó de la pulcritud estructural, evitando siempre los alardes de dificultad gratuita.

AshkenazyEl presente registro se compone de una selección de 12 piezas célebres de Chopin, combinando valses, polonesas, nocturnos, etc. El título genérico de estas obras pudiera sonar trivial, pero el compositor tomaba formatos de danza para cincelar joyas musicales desligadas de su finalidad convencional.

El buen intérprete chopiniano ha de ser un virtuoso con sentido poético, tan profundo, elegante o fogoso como la partitura así lo requiera. Todo eso y más sabe serlo el gran músico ruso Vladimir Ashkenazy, hoy mejor conocido por su labor desde el podio de director, pero con una histórica trayectoria como pianista que lo sitúa entre los mejores del mundo. ¡A disfrutar!

» D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 224 kbps · 48 kHz | 12 tracks | .7z 88,9 MB | Yandex.ru



miércoles, 8 de febrero de 2017

Adiós al hombre que sabía explicar la música: ha fallecido Pérez de Arteaga

Hasta siempre maestro Pérez de Arteaga

Esto ha sido inesperado. Anoche en Madrid falleció, con 66 años nada más, el musicólogo, crítico y hombre de radio español José Luis Pérez de Arteaga. La conmoción recorre aún el amplio circuito de la música clásica, generando espontáneas muestras de pesar en las redes sociales y por supuesto, notas de despedida en los medios que contaron con su inigualable colaboración. Justamente los medios electrónicos fueron una plataforma poderosa para el buen hacer de este hombre, que estudió Derecho y Ciencias Empresariales pero hizo de su amor, la música, su definitiva profesión. El programa “El Mundo de la Fonografía”, emitido por Radio Clásica de España, se transformaba en capítulos de Podcast, seguidos ávidamente por innumerables amantes de la música en la órbita hispanoparlante —el responsable de esta página era uno de ellos, claro que sí—.

Desde esta página, aunque modesta, parte también el saludo de despedida a una personalidad que no encontrará iguales. Queden con nosotros su saber, su generosidad y su profundo amor a la música.

#HastaSiempreArteaga

lunes, 6 de febrero de 2017

Los Inolvidables :: CLAUDIO ARRAU

Claudio Arrau ovacionado en el Teatro Municipal de Santiago (1984)

Hoy toca recordar a don Claudio Arrau León, el pianista más prodigioso que saliera de tierra chilena (con la excepción de Rosita Renard) y uno de los maestros definitivos de su instrumento en el siglo XX.

Inolvidable, formidable, Arrau nació el 6 de febrero de 1903 en Chillán (Chile). Emprendió con cortos años, bajo la guía de su madre viuda, el aprendizaje del piano, en donde deslumbró como prodigio desde los cinco años en su primer recital público. El gobierno chileno le concedió una beca que le permitió estudiar en el Conservatorio Stern, de Berlín, con un discípulo del propio Liszt, Martin Krause. Ahí tuvo su inicio la carrera internacional que duraría su vida entera.

Arrau había vivido ya una existencia lejos de su país —contaba 81 años— cuando por fin regresó al polarizado Chile del año 1984. Yo tenía sólo 10 años entonces pero la gira del maestro, bien cubierta por la prensa, me impactó. Eso, y su interpretación del Concierto para piano nº 1 de Brahms en el Teatro Municipal de Santiago, acompañado por la Filarmónica de Chile bajo la dirección del insigne Juan Pablo Izquierdo. Quizá ahí empezó mi devoción personal por este concierto y por Brahms; a Arrau ya lo admiraba de antes, gracias a mi profesora de piano. Entre tantos detalles recuerdo que esa noche del concierto, con la vista clavada en el televisor, me parecía reveladora la forma que tenía Arrau de deslizar las manos sobre el teclado, como quien lo acaricia. En fin, tal vez sea un poco extraño constatar que el gran artista cuyo concierto marcó mi infancia era un anciano intérprete clásico, pero bueno, así fue. El arte no sabe de edades ni de convenciones.

El video que incluyo más abajo registra la parte final de dicho concierto, seguido por la aclamación del público. Las palmas fervorosas emocionaron muchísimo a Arrau, que sintió ese reconocimiento como una consagración definitiva. ¡Vaya humildad de un gigante!

martes, 31 de enero de 2017

Otro cumpleaños para SCHUBERT

Franz Schubert componiendo «Erlkönig» / cuadro de Harvey Dunn (1918)

Otro genio celebra su aniversario. Así pues, antes de seguir con los próximos artículos, detengámonos para recordar a uno de los grandes prodigios musicales aparecidos en tierras austríacas: Franz Peter Schubert, nacido en Viena el 31 de enero de 1797.

No hay mejor manera de capturar el recuerdo de los genios que a través de sus obras maestras. Una de las más conocidas de Schubert es su adaptación musical para el poema de Goethe «El Rey de los Elfos» (de los Alisos, debido a un detalle con la traducción original). Creada de un tirón en 1814 por un joven Schubert de 18 años luego de emocionarse leyendo el poema, esta obra es considerada la versión definitiva para una balada que conoció varias otras adaptaciones. El compositor, habitualmente tímido, se sintió tan seguro de la calidad de esta pieza que luego de revisarla unas veces, decidió publicarla como su Opus 1. Con «El Rey de los Elfos» Schubert demostraba ser un maestro del lied.

El video que incluyo más abajo representa la historia de esta balada con una preciosa animación imitando las marionetas de sombras chinas. Ese detalle anacrónico aporta pinceladas de «romanticismo macabro» a la fantasmal tragedia que relata Goethe. Hay algunas pequeñas licencias (pues el niño debiera ir en el regazo del padre... pero entonces sería difícil separar la sombra de ambos en la visualización) que no adulteran nada de esta maravilla.

¡Felices 220 años, Franz Peter, y gracias por tanto!

viernes, 27 de enero de 2017

Feliz cumpleaños, don Teófilo

Don Teófilo, en un retrato anónimo durante su época como niño prodigio

¡Claro que me refiero a Mozart! Ocurre que «Amadeus» es la versión latina del nombre griego «Teófilo». Ambos significan lo mismo: Amado de Dios. El nombre de pila original fue: Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart. Amadeus, para los amigos...

Este irrepetible prodigio de la Naturaleza llegó a iluminar nuestro mundo un 27 de enero de 1756, en la hermosa ciudad austríaca de Salzburgo, vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico. Nació en una familia musical sin mayores credenciales sociales; y es que a menudo —nunca lo olvidemos— los grandes genios son estrellas que saltan desde el suelo. Las altas alcurnias y la sociedad de entonces tuvieron, eso sí, el mérito de saber reconocerlo.

Se ha escrito mucho acerca de este artista total. De hecho, parece ser uno de los artistas más «deconstruidos» por los análisis. Yo me limito a tomar una frase que también es citada por la Wikipedia: “En palabras de críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de estilo que abarcó desde la luz y la elegancia, a la oscuridad y la pasión —todo bien fundado por una visión de la humanidad «redimida por el arte, perdonada y reconciliada con la naturaleza y lo absoluto»—.”

miércoles, 25 de enero de 2017

FURTWÄNGLER :: In Memoriam

Sin premeditación ni alevosía, luego de la entrada anterior dedicada a Toscanini ha llegado el onomástico de su «contraparte estética», el grandioso Wilhelm Furtwängler, nacido un 25 de enero de 1886 en Berlín, es decir, hace 131 años. Recupero otro momento de la entrevista concedida por el director alemán al crítico y compositor Walter Abendroth el año 1937. Muy al estilo de entonces, el encuentro de ambos hombres tomó la forma de conversaciones que giraban en torno a temas, dentro de los cuales las preguntas de Abendroth daban pábulo a las reflexiones apasionantes y personalísimas de Furtwängler:

Wilhelm Furtwängler
Abendroth: ¿No ha cambiado nuestra actitud frente al individuo y sus exigencias en comparación con la de antes?

Furtwängler: Desde luego que ha cambiado, y yo sería el último en negar la existencia de cambios de actitud, imperceptibles pero indudables, de épocas enteras, esos cambios de perspectiva, desapercibidos y, sin embargo, por lo general declarados y trascendentales, que llamamos «desarrollo histórico». Queramos o no, todos estamos en medio de este «desarrollo», día tras día. (…)

No se puede negar que hoy somos incapaces de sentir aquel ingenuo placer en la expresión de una personalidad sin límites que caracterizaba la época del Renacimiento primitivo, de la música «clásica», del Romanticismo primitivo, etcétera. Eran tiempos en los que la humanidad redescubrió en cierto modo, tras largos períodos de inercia, la fascinación de lo «individual». Hoy nos hemos vuelto alérgicos a lo puramente individual, a toda clase de torres de marfil, a todas las limitaciones arbitrarias y prematuras en favor de lo personal. Nos hemos vuelto más conscientes de nuestras limitaciones y de nuestra dependencia de la sociedad, de la nación y de la época. Pero precisamente porque hemos aprendido la lección, tenemos la posibilidad, incluso la necesidad, de ver también la otra cara. Porque no somos meras criaturas efímeras, indefensas ante el paso del tiempo, también somos seres eternos, indestructibles, hechos a imagen de Dios. No sólo productos de una generación, miembros de una clase y de un grupo determinados, sino también almas individuales, singulares, únicas, incomparables y responsables sólo ante nosotros mismos. Trasladado a la esfera del arte, esto significa que toda obra tiene dos aspectos, uno referido al «tiempo actual» y otro, a la eternidad. Del mismo modo que podemos decir que el hombre es nuevo, diferente, en cada momento, que es misión del artista dejar constancia de esta mutabilidad, dependencia y limitaciones, así también podemos decir que el alma humana ha sido la misma desde tiempos inmemoriales, que el artista debe representar su esencia eterna, su unicidad e indestructibilidad.

Y aquí vemos, desde otro lado, el contraste entre el historiador del arte y del artista. El objeto del historiador es la evolución del arte a lo largo de los tiempos, mientras que el del artista es el caso aislado que se agota en él mismo. Para el historiador los fenómenos individuales son importantes sólo en cuanto comparables; para el artista, sólo en cuanto incomparables. El historiador se sitúa por encima de las cosas, nos abstrae de nosotros mismos y nos conduce a la observación y el conocimiento. Su propósito último es dominar la multiplicidad de fenómenos. El artista, en cambio, nos coloca—a cada uno de nosotros—frente a la obra, nos obliga a encararnos a ella, del mismo modo que él se encara con nosotros; no quiere dominio, sino rendición. Si el historiador es el hombre de la inteligencia analítica, el artista lo es del amor.

Dos amorcillos, detalle de «Diana y Endimión» / Annibale Carracci, 1597
Furtwängler en el blog

lunes, 16 de enero de 2017

TOSCANINI :: 60 años después

ToscaniniArturo Toscanini
Un día como hoy en Nueva York, 60 años atrás, dejó este mundo uno de los grandes músicos que lo habitaron: Arturo Toscanini. Toda una leyenda de la música clásica, merece como pocos el fácil calificativo de “inigualable”. Seamos sinceros; hay escasísimas probabilidades de que se repita una figura semejante. Faltan los tiempos que hicieron posible su autoritario estilo de dirección orquestal, falta esa aureola de veneración que su época concendía a los grandes artistas, falta la frecuencia con que atributos tan excepcionales honran a un mismo músico: memoria fotográfica (o eidética), capacidad innata de persuasión (concedamos que bajo una fuerte dosis de temperamento), concepción musical vigorosa, transparente y energética... en fin, sobre el Maestro se ha escrito mucho. Enfrentado al gran Furtwängler, de quien era la antípoda (si Toscanini representaba la objetividad y precisión, el alemán encarnaba la inspiración y recreación constante), el tiempo ha sabido ubicar a ambos en la común tradición de la música occidental, que vibra y crece entre fuerzas complementarias.

Su figura sigue siendo una referencia ineludible para sus compatriotas, y su presencia es constante en la discografía viva. ¡Feliz aniversario, Maestro!

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